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Alimentar no es dar comida. Es también ayudar a crecer, formar en unos correctos hábitos, concienciar en la importancia de una óptima nutrición para alcanzar y mantener una vida saludable... es parte fundante de la forja de la personalidad.
Del mismo modo, comer escasamente, mal o en demasía resulta gravemente perjudicial para la salud. Este concepto tan sencillo que, de hecho, parece obvio, es para nosotros norma y criterio esencial. Es la regla que rige todos nuestros procesos, desde el diseño de los menús hasta la sonrisa y el gesto afable a la hora de servirlos; pasando por la cuidadosa selección del producto más apropiado y, cómo no, por la más esmerada elaboración.
Al fin y al cabo, esa es mi vocación y profesión. Soy cocinero, y en el ejercicio cotidiano de mi labor están siempre presentes los más grandes referentes: las mujeres que me dieron la vida y todo cuanto soy. Las que me alimentaron y me enseñaron primero a comer... y luego a cocinar. Quisiera que por un momento nos parásemos a rememorar, a gustar de esos recuerdos que con más cariño abrazamos de los tiempos en que aún nos elegían los pantalones cortos o los lazos para el pelo. Estoy plenamente convencido de que en gran parte de ellos brillarán como estrellas nuestras madres y abuelas cocinando o sirviendo los, a nuestro entender, más tiernos y emotivos platos. Madres y abuelas ofreciéndonos lo mejor, sin escatimar para ello ningún esfuerzo.
En mi corazón guardo la imagen de la madre dando su alimento a su bebé como icono por excelencia de aquello a lo que dedico mi vida. En mi día a día, pretendo humildemente ser coherente con este ideal. Y esto mismo queremos transmitir con estas líneas que firmo y con nuestro nombre, savia gastronomía. Savia, para sabiamente tomar los mejores nutrientes de la tierra en que enraizamos; sabiamente procurarlos en juiciosa medida y momento; sabiamente brindarlos para que el tierno brote se acreciente hasta su madurez y florezca pleno de salud y fortaleza.
Y gastronomía, pues no buscamos complejos ni sofisticados alardes culinarios; pero, por otro lado, deploramos la comida industrializada y prefabricada. Queremos ofrecer, sencillamente, la cocina fresca, natural, saludable, equilibrada, y agradable con que crecimos; comida de verdad, de la que conmueve nuestras entrañas con el sabor de lo bueno. Sergio Rama
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